Yo No debería estar aquí...dijiste para ti.
Tú estabas ahí para lo que estabas, pero al leerlo, sentiste una extraña sensación. Te parecía tan insólito que estabas confundido y con unas tremendas ganas de descifrar lo que no acertabas a comprender. Ese sitio te estaba decepcionando y no había ya en él, nada que te produjera la más mínima curiosidad. Harto de leer las mismas cosas de siempre, la lectura de mis escritos te producían una especie de vértigo, húmedo y caliente. Un torbellino de ideas se agolpaba en tu cabeza. Tu cerebro estaba girando a su máxima velocidad. Estabas inquieto y sereno al tiempo. Una paz apenas vislumbrada, se abría camino entre tus neuronas y hasta puede ser que al cerrar los ojos unos instantes, se vertieran en tu sangre las gratificantes endorfinas, con sólo empezar a imaginar las cosas agradables que se sucedían en tu imaginación, como una película sobre una pantalla mental.
Conforme iba cesando el runrún de tu cabeza, las ideas se iban clarificando.
Aquello debería de tener un significado. Habías necesitado vivir muchos años de tú vida, para sentir esas deliciosas sensaciones…
Sentías deseos de reír y hasta de aplaudir y por un momento creíste volverte tonto de todo el cuerpo.
Sin embargo una tremenda lucidez se apoderó de tu mente y todo se te apareció como absurdamente obvio.
Por primera vez sentías haber encontrado algo que se apartaba de lo normal y esa diferencia con la masa, te producía una tremenda pero dulce desolación y un lacerante desasosiego.
Aquí había una MUJER con sus ideas y su discurso resultaba del todo coherente. Estabas a punto de concebir esperanzas. Te preocupaba tu dignidad y tu propia valía. No estabas seguro de que ciertas cosas pudieran existir y tú merecieses conocerlas y menos aún, disfrutarlas.
No había ya aquí nada de previsible. Si tenías percepción del tiempo, era por lo rápido que te pareció que pasaba. Querías retener los segundos y tejerlos para sintetizar instantes felices.
Pensaste que nuestras vidas merecen la pena, cuando aceptando lo que realmente somos, rompemos la inercia de lo insustancial y nos atrevemos a afrontar la realidad, por triste o vulgar que parezca. Un hombre sólo es decente, cuando es capaz de llorar en las situaciones que lo requieren.
Con sangre y sudor tenemos que vaciarnos, para ejercer toda la dignidad que nos corresponde como humanos.
Sólo cuando logramos arrojar luz sobre aquello en lo que creemos y sin esquivar ninguna batalla y menos la guerra, nos jugarnos el todo en cada intento, sólo entonces rendimos cuentas ante nuestra trascendencia y lo que de verdad somos.
"He visto a una mujer valiente entre una legión de cobardes", te dijiste para ti. "Me siento especial, porque he vislumbrado que lo especial existe. Casi me atrevería a afirmar que he sentido una especie de sonrisa divina y que Él me ha tendido una mano".
Esta noche me voy a acostar sabiendo exactamente como se debe hacer en la vida, para llegar a estar orgulloso de uno mismo, con causa justificada.
Y el espejo te devolvió tu imagen y no mostró tu cara...Te viste como te ven los demás, cuando marchan detrás de ti.
EL RESTO DE TU VIDA NO EMPEZABA TODAVIA...

Perfecto, sigue así.
ResponderEliminarNo sigas el camino. Sé tú la que abra la senda.
Por mucho que canse, a veces, esa agotadora tarea.
Por cierto, espero que te vaya o te haya ido bien en tus exámenes.
"Me siento especial, porque he vislumbrado que lo especial existe..." [sic]
ResponderEliminarAmén.
GASSHO.