sábado, 24 de septiembre de 2011

AMANECIENDO UN NUEVO DÍA......



Al principio no distinguí bien el sonido, más que eso, lo incluí en el sueño, pero soy de ligero despertar, la responsabilidad, supongo, así que enseguida mi cabecita reaccionó y reconoció la canción... la noche anterior, entre otras cosas, también me cambiaste la música del despertador... "me estoy consumiendo/ y nazco de nuevo/me estoy convirtiendo..." me hubiera encantado oírla entera pero no quería despertarte.

Era muy temprano, aunque el sol de primavera ya se escurría fresco y limpio por la ventana . La habitación permanecía cálida, y aún conservaba el olor a incienso y aceites de la noche anterior, lo cual me hizo recordar y sonreír... Apagué el móvil, y me quedé en silencio, boca arriba, oyendo tu respiración y los gorjeos de los parajillos del parque, ese que se ve desde tú ventana. Hummmmm , pensé, "cómo cambia el cuento", muchas otras veces he oído esos gorjeos y más bien me parecían aullidos desesperados de hienas salvajes bajo mi almohada... "también eso has cambiado "... sonreí de nuevo y te miré.

Me giré hacia ti, dormías de lado, mostrándome la espalda,morena y desnuda, solo arropada de cintura para abajo por esa sábana blanca tan delicada y que marcaba tan bien la línea de tu cadera derecha y mostraba tu tatuaje al final, donde la espalda pierde su nombre…., y así permanecí un momento que hubiera hecho eterno, pero era lunes otra vez. Empezaba a odiar los lunes más que nunca antes en mi vida, aunque ciertamente hubiera odiado igual cualquier otro día si hubiera sido el primero que me separara de ti tan temprano... Te acaricié el brazo que reposaba en tu costado y te besé el hombro apartando tu cabello al un lado,ese hombro tan suave y cálido como siempre, como nunca. Entonces me sentiste, y ronroneaste ligeramente, (también ronronean las tigresas), y te volviste hacia mí, estabas dormida, relajada, preciosa, con los ojos cerrados e hinchados y el pelo revuelto, nunca olvidaré esa imagen, lo sé.  Me besaste en los labios y te abrazaste a mi. Intuí que me decías “buenos días lindo ”, y te desplomaste sobre mi pecho. Sentí tu calor desnudo en mi torso y un vértigo infinito en la boca del estómago. Te rodee con mis brazos, te besé en la frente y volviste a dormir. Ese día llegué tarde al trabajo...

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